Este es el portafolio de la asignatura de Evaluación de los aprendizajes, impartido por la profesora Paulina Salinas en la Universidad de Santiago de Chile (USACH), el segundo semestre del año 2014.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Hugo Cerda, "DEFINIENDO Y EVALUANDO LOS ESTÁNDARES CURRICULARES" cap. 7
Los estándares educacionales no tienen una plena claridad
sobre sus verdaderos significados y propósitos. Puede ser una meta, un patrón,
una norma o unidad común que permite comparar resultados. En Latinoamérica, no
existe una tradición que establezca criterios comunes para el análisis de resultados,
logros de los alumnos y del sistema educativo en su conjunto.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Hugo cerda, "LA EVALUACIÓN COMO EXPERIENCIA TOTAL", cap. VIII y X
CAPÍTULO 8. EVALUACIÓN POR OBJETIVOS.
Las diferentes taxonomías de
los especialistas norteamericanos de los años 50, mostraban el dominio de los
objetivos en el proceso de enseñanza y evaluación (Tyler). Los objetivos debían
observarse en los comportamientos de los estudiantes. Estas conductas
observables tienen diferentes grados (de fáciles a difíciles), pero no apuntan
a la comprensión de ellas, sino al registro que el profesor haga, según su
ausencia o su presencia. Por lo tanto, por muy amplias y ricas que sean, son
clasificaciones que encasillan.
Hay una estrecha relación entre
los objetivos y los logros. Un objetivo dirige, orienta, ordena, guía y conduce
los contenidos de un proceso evaluatorio.
Para los autores, que trabajan
las taxonomías, estas permiten evitar la vaguedad y ambigüedad de las categorías
involucradas en el proceso de evaluación, produciendo desviaciones en la
actividad instructiva inicial.
Los objetivos por tanto se pueden
definir como una meta, un propósito, un punto central de referencia, un
producto, un logro, un fin.
Cualquiera que sea el punto de
arranque filosófico o ideológico, siempre se recurre a los objetivos para
sentar las bases de la evaluación. El error está en pensar que sólo los
objetivos, el proceso, los logros son los elementos válidos para la evaluación.
Para el autor, sólo la unidad dialéctica de todos los elementos evaluativos nos
llevará a un criterio de verdad.
El objetivo variará según del
tipo de evaluación que se realice. Debe existir una correspondencia entre los
objetivos y los contenidos de la evaluación, entre los contenidos y los
instrumentos de evaluación, entre los objetivos y los logros de la evaluación.
La evaluación no puede
convertirse en un proceso cerrado, que no permita la aparición de aprendizajes
concomitantes, reduciendo al mínimo la originalidad y la multiplicidad del
proceso evaluado.
Según Tyler, el “padre” de la
evaluación, la evaluación por objetivos se caracterizaba básicamente por:
1. La
formulación de objetivos como referencias principal para la evaluación de los
resultados.
2. La
toma de decisiones respecto a los resultados y al mismo proceso, con todas sus
variables y elementos, a partir de los datos e informaciones proporcionadas por
la evaluación continua.
Para Tyler y los autores que se basan
en las taxonomías, basan sus propuestas en los objetivos comportamentales, es
decir, con ellos podemos monitorear los niveles de desarrollo intelectual y educativo
de un niño; por lo que, todos los comportamientos no observables ocuparían un
lugar secundario como indicadores del proceso educativo. Podemos ver claramente
que hay una tendencia al conductismo, ya que toda actividad se convierte en una
contestación de un estímulo externo.
Actualmente se rechaza la idea
que la conducta humana tenga un carácter puramente reactivo, por considerarse
reduccionista, y por dejar de lado la riqueza de las relaciones al nivel de la
conciencia, que muchas veces no llega a manifestarse en el comportamiento.
Scriven, contrariamente a la
afirmación que sin objetivos no puede existir evaluación, crea un modelo de
evaluación sin referencia a objetivos:
1. Existe
el convencimiento de que los efectos secundarios de un programa educativo
pueden ser más relevantes que los efectos acordes con los objetivos previstos.
2. Se
debe plantear como una necesidad básica evitar el sesgo del evaluador.
Scriven desarrolla el concepto
necesidades como base de la evaluación. La evaluación libre de objetivos
descansa sobre el análisis de las necesidades del consumidor más que sobre los
objetivos e intenciones del productor. Para Scriven, si se llegara a plantear
objetivos, éstos sólo deben ser operacionales, los cuales son corregidos,
modificados y perfeccionados en el curso de la evaluación, y de ésta manera
alcanzar resultados óptimos. Las tres funciones básicas de la evaluación:
diagnostico, orientación y motivación contribuyen a la valoración concreta y precisa
de los resultados.
CAPÍTULO 10. EVALUACIÓN POR COMPETENCIAS.
La evaluación de
competencias es un proceso de retroalimentación,
determinación de idoneidad y certificación de los aprendizajes de los
estudiantes de acuerdo con las competencias de referencia, mediante el análisis
del desempeño de las personas en tareas y problemas pertinentes. Esto tiene
como consecuencia importantes cambios en la evaluación tradicional, pues en
este nuevo enfoque de evaluación los estudiantes deben tener mucha claridad del
para qué, para quién, por qué y cómo es la evaluación, o si no está no va a
tener la significación necesaria para contribuir a formar profesionales
idóneos. Es así como la evaluación debe plantearse mediante tareas y problemas
lo más reales posibles que impliquen curiosidad y reto.
Condiciones para que se dé la
evaluación por competencias:
1. Que
sea factible de realizar por los docentes.
2. Que
se haga con la finalidad de obtener información.
3. Que
antes de evaluar se tenga una visión interdisciplinaria e integral del proceso
de enseñanza-aprendizaje.
4. Que
esta evaluación no se encuentre separada del proceso de aprendizaje.
5. Que
la evaluación global debe abarcar al alumno como ser que está aprendiendo, de
forma holística.
6. Que
la evaluación se construya en una comunicación abierta con el estudiante.
La competencia sólo es posible
evaluarla a través de la actuación, por lo que deben apoyarse en un conjunto de
indicadores no sólo de tipos cognoscitivos, sino sociales. Así, autores definen
la competencia como el conjunto de comportamientos observables que facilitan el
desarrollo eficaz de una determinada actividad laboral. Por lo que la
competencia tendría elementos como:
a. Saber
= conjunto de conocimientos.
b. Saber
hacer = conjunto de habilidades y destrezas.
c. Hacer
= capacidad de poner en práctica un
conjunto de comportamientos en pos de una situación determinada.
d. Saber
estar = capacidad de integrarse a un grupo, aceptando y cumpliendo sus normas.
e. Querer
hacer = motivarse por todas las
anteriores.
Por tanto, una competencia no es
conocimiento, una habilidad o un comportamiento aislado, sino la unión de todos
los aspectos en el desempeño de una actividad laboral concreta.
¿Es posible evaluar las competencias?
Cada institución define sus
competencias según con sus propios criterios, que dependerán de sus
necesidades, intereses y expectativas. De acuerdo con los criterios de la
evaluación de competencias, sólo se poseen estos conocimientos y habilidades si
estos han sido puestos en práctica en un contexto social determinado.
María Antonia Casanova, “CAPITULO III EVALUACIÓN: CONCEPTOS, TIPOLOGÍA Y OBJETIVOS"
El concepto como base de la estrategia de actuación.
La evaluación aplicada a la enseñanza y el aprendizaje
consiste en un proceso sistemático y riguroso de obtención de datos,
incorporado al proceso educativo desde su comienzo, de manera que sea posible
disponer de información continua y significativa para conocer la situación,
formar juicios de valor con respecto a
ella y tomar las decisiones adecuadas para proseguir la actividad educativa mejorándola
progresivamente. Es decir, la obtención de información rigurosa y sistemática
para contar con datos válidos y fiables acerca de una situación con objeto de
formar y emitir un juicio de valor con respecto a ella estas valoraciones
permitirá tomar las decisiones consecuentes en orden a corregir o mejorar la
situación evaluada.
Si el propósito de la evaluación es perfeccionar y no
demostrar, esta aplicación de la evaluación para la mejora de procesos debe
contribuir al cambio de imagen, que en general se tiene de la evaluación y de
los fines que persigue, con los conceptos de evaluación manejados habitualmente
que han incidido sobre todo en la comprobación de los resultados para su
calificación posterior: positiva/negativa/aprobado/reprobado/admitido/rechazado.
La interpretación que se viene haciendo de sus funciones se
limita a entenderla como un instrumento sancionador o como arma de poder para
quien evalúa. También es cierto que cuando evaluamos detectamos lo negativo, errores
de aprendizaje, fallos de funcionamiento escasamente destacamos lo positivo. Pero
si estamos empeñados en que cambie la imagen y el sentido de la evaluación la
clave está en detectar el error en el momento en que se produce, para
aclaración de cuestiones no comprendidas, para que el alumno pueda continuar
avanzando.
TIPOLOGÍA DE LA EVALUACIÓN
La evaluación según su funcionalidad
Hourse, R. (1992,46) nos hallamos inmersos en un “espíritu
de ecumenismo metodológico” en la enseñanza es determinante todo el proceso
interno de funcionamiento que se organice en las aulas. El examen nos mantiene
en la concepción de evaluación como instrumento comprobador, sancionador y de
poder. Los aprendizajes no se suman unos a otros: se reorganizan unos con otros
se apoyan, restructuran el saber y el hacer del sujeto, conforman el ser que es
cuando aprendido a serlo. Es entendible que las personas ajenas a la educación
asuman, el examen como medio para comprobar el aprendizaje. Un profesional de
la educación debe poner al servicio todos sus conocimientos.
Función Sumativa de la evaluación
Resulta apropiada para la valoración de productos o procesos
que se consideran terminados, con realizaciones o consecuciones concretas y
valorables. Su finalidad es determinar el valor de ese producto final (sea un
objeto o un grado de aprendizaje), decidir si el resultado es positivo o negativo,
si es válido para lo que se ha hecho o resulta inútil y hay que desecharlo. No
se pretende mejorar nada con esta evaluación de forma inmediata -en sentido
estricto, ya no es posible-, sino valorar definitivamente. Se aplica en un
momento concreto, final, cuando es preciso tomar una decisión en algún sentido.
Función formativa de la evaluación
La evaluación con funcionalidad formativa se utiliza en la
valoración de procesos (de funcionamiento general, de enseñanza, de aprendizaje...)
y supone, por lo tanto, la obtención rigurosa de datos a lo largo de ese mismo
proceso, de modo que en todo momento se posea el conocimiento apropiado de la
situación evaluada que permita tomar las decisiones necesarias de forma
inmediata. Su finalidad, consecuentemente y como indica su propia denominación,
es mejorar o perfeccionar el proceso que se evalúa.
Este planteamiento implica que hay que realizar la
evaluación a lo largo del proceso, de forma paralela y simultánea a la
actividad que se lleva a cabo y que se está valorando -nunca situada exclusivamente
al final, como mera comprobación de resultados-.
La evaluación según su normotipo.
El normotipo es el referente que tomamos para evaluar un
objeto/sujeto.
Evaluación nomotética.
Dentro de la evaluación nomotética podemos distinguir dos
tipos de referentes externos, que nos llevan a considerar la evaluación
normativa y la evaluación criterial:
*La
evaluación normativa supone la valoración de un sujeto en función del nivel del
grupo en el que se halla integrado.
* La evaluación criterial, precisamente, intenta corregir el
fallo que plantea la evaluación normativa, y propone la fijación de unos
criterios externos, bien formulados, concretos claros, para proceder a evaluar
un aprendizaje tomando como punto de referencia el criterio marcado y/o las
fases en que éste se haya podido desglosar.
La evaluación debe permitir regular el camino de las
necesidades y circunstancias de cada persona y del entorno. El criterio de
evaluación dará pauta para llevar a cabo la evaluación de los procesos como el
logro de los objetivos, se deben de identificar los criterios de evaluación más
apropiados para emitir un juicio de valoración formativa y estimuladora del
alumnado.
Evaluación ideográfica: son las capacidades que el alumno
posee y sus posibilidades de desarrollo en función de sus circunstancias
particulares, un referente interno a la propia persona evaluada. Lo más
importante en la educación personal son las actitudes. Pero chocan con los
planteamientos sociales de todo sistema educativo.
La evaluación criterial e ideográfica deben aportar
soluciones a los problemas expuestos incorporando elementos ideográfico, dando
más importancia a los procesos de desarrollo actitudinal, social, afectivo que
a los conceptuales. Cada alumno debe adaptar los criterios generales de evaluación
para formar un estudiante concreto y personalizado. La labor de los educadores
será establecer la comunicación con sus alumnos, es una comunicación educativa
y es el eje de todo proceso de enseñanza.
LA EVALUACIÓN: UN DIFÍCIL CAMINO ENTRE LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA de Pedro Ahumada
“La evaluación debería ser considerada, como un proceso y no como
un suceso y constituirse en un medio y nunca en un fin…”
La evaluación no es un suceso separado o de un momento, sino un
proceso; ya que, no vale más una calificación que un proceso óptimo de
enseñanza-aprendizaje, bien guiado y ejecutado; pues la calificación o
evaluación en concreto corresponde a una consecuencia o un medio, pero nunca un
fin; puesto que éste fin es la formación del sujeto.
“La evaluación es
el proceso de delinear, obtener, procesar y proveer información válida,
confiable y oportuna que nos permita juzgar el mérito o valía de
programas, procedimientos y productos con el fin de tomar decisiones”.
Haciendo una línea del tiempo, el concepto ha tenido diferentes
énfasis, en un comienzo era utilizado como: juicio, variando al de medición, posteriormente
a logro de objetivos, para finalmente servir como medio para toma de
decisiones.
Por otra parte, la evaluación es un proceso que se efectúa a
medida que se va desarrollando el proceso enseñanza-aprendizaje, es decir,
nunca podrá ser una acción que se produce sólo en un determinado momento. La evaluación
debe ser concebida como un medio y no como un fin; un medio para corregir
errores, para reorientar acciones y para fortalecer experiencias de
aprendizajes. Por tanto, la evaluación debiese estar centrada en los procesos más
que en resultados , asumiendo la postura de que el alumno debe
ser el responsable de sus propios aprendizajes, rechazando la concepción del
mismo como un ser pasivo; y reconociendo la capacidad que tiene para generar aprendizajes
significativos.
“En la medida en que un sujeto aprende, simultáneamente evalúa, porque
discrimina, valora, critica, opina, razona, fundamenta, decide,
enjuicia, opta… entre lo que considera que tiene un valor en sí y
aquello que carece de él. Esta actividad evaluadora, que se aprende, es
parte del proceso educativo, que como tal es continuamente formativo”.
Es decir, la evaluación es un proceso inherente al aprendizaje, ya
que no es posible “un aprendizaje sin evaluación y una evaluación sin
aprendizaje”, no puede ser algo distinto o paralelo. Por este motivo, la
evaluación debe privilegiar los aprendizajes logrados por el alumno y los
procesos de “aprender a aprender”.
“Si la evaluación no es fuente de aprendizaje, queda
reducida a la aplicación elemental de técnicas, reduciendo u ocultando
procesos complejos que se dan en la enseñanza y en el aprendizaje. La
evaluación educativa es aprendizaje y todo aprendizaje que no conlleve
autoevaluación de la actividad misma del aprender, no forma”.
De acuerdo a lo anterior, la evaluación también resulta
determinante en la definición de los nuevos roles del docente. Entendiendo que
el educador debiese ser un mediador entre el conocimiento y el proceso de
aprendizaje del alumno; logrando traspasar a éste, la responsabilidad de su
aprendizaje. Para cumplir este objetivo, el educador tiene que preparar el
escenario del aprendizaje, donde la determinación de propósitos, la
definición de estrategias didácticas y la diversidad de procedimientos
evaluativos tienen que estar presentes.
PRINCIPIOS DE UNA NUEVA PROPUESTA EVALUATIVA:
Propuestas para disminuir discrepancias entre el discurso y la práctica
evaluativa
Ahumada plantea algunas propuestas, con la finalidad de generar
discusión respecto a las posibles formas de acortar el distanciamiento entre la
teoría y la práctica evaluativa:
- La promoción de la reflexión crítica de los alumnos de pedagogía
acerca de sus propias visiones educativas y sobre las formas en que la
educación se realiza en diversos contextos con sus posibles consecuencias,
debieran constituirse en importantes orientaciones para la formación de futuros
profesores.
- Los Organismos públicos, debiesen elaborar mayores innovaciones
en estrategias evaluativas, entendidas como procesos deliberados y sistemáticos
necesarios para producir cambios en las prácticas evaluativas vigentes.
- Los especialistas en educación y evaluación, debiesen generar un
puente entre la teoría y la práctica evaluativa.
- Se deben realizar más
proyectos de investigación en el área, que recojan las formas en que se
modifican las prácticas docentes y de cómo es posible explicar que a partir de
ideas y planteamientos previamente establecidos se pueden generar cambios
actitudinales en los docentes.
Inclusión y evaluación, evaluación para la diversidad (Clase 22/09/2014)
http://www.orientacionandujar.es/wp-content/uploads/2014/06/CAJA-DE-HERRAMIENTAS-DE-IIMM.pdf
Evaluaciones auténticas (clase 09/09/2014)
Principios de la evaluación auténtica
1. Instancia que contribuye a la mejores de LOS
APRENDIZAJES (múltiple).
2. Por su carácter procesual, es consustancial y es parte del
proceso de aprendizaje. No está separado, sino dentro de éste.
3. Constituye un proceso colaborativo.
Coevaluación, autoevaluación, evaluación de pares.
4. Favorece la autonomía y la metacognición.
5. Marca la diferencia entre evaluación y
calificación.
6. Es coherente con las actuales compresiones
del aprendizaje y la enseñanza. Es pilar fundamental del Constructivismo, pues los alumnos construyen su proceso de aprendizaje.
7. Se centra en las fortalezas de los
estudiantes.
8. Valorar el error. Es la oportunidad para
aprender y crecer.
9. Favorece la equidad educativa.
Orientaciones para la práctica de la evaluación
auténtica
1. Evaluar aprendizajes multidimensionales, es
decir, evaluar conocimientos (saber), habilidades (saber hacer), y actitudes y valores
(saber convivir y ser) de manera integrada y simultánea.
2. Evaluar las reales competencias de los
alumnos a partir de la información que aportan sus desempeños dentro y fuera de
la sala de clases.
3. Evaluar aprendizajes contextualizadas, usando
contextos significativos, situaciones problemáticas y lo más cercanas a la vida
real o cotidiana de los niños, aún fuera de la escuela.
4. Evaluar considerando al estudiante como un
aprendiz activo y que tiene motivaciones.
5. Evaluar de manera colaborativo, impulsando
la interacción y el apoyo de los otros.
Ejemplos de actividades y técnicas de
evaluación
Entrevistas orales.
Nueva narración de la historia o del texto.
Ejemplos de tipos de escritura.
Proyectos/exhibiciones.
Experimentos/demostraciones.
Pruebas o exámenes: el estudiante responde por
escrito a preguntas abiertas.
Observaciones del profesor.
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